Medición de Impacto y Aprendizaje Participativo
Evaluación de Proyectos: Medición de Impacto y Aprendizaje Participativo
La evaluación se centraba en indicadores cuantitativos predefinidos, pero las nuevas aproximaciones buscan capturar cambios más profundos y valores intangibles, así como incluir a los implicados en el proceso evaluativo.
Un ejemplo destacado es el Retorno Social de la Inversión (SROI, por sus siglas en inglés). El SROI es un método que asigna un valor monetario a los resultados sociales y ambientales de un proyecto, comparándolos con la inversión realizada
En esencia, extiende el concepto de ROI financiero para incorporar el “valor extra-financiero” generado (como mejora en calidad de vida, empoderamiento, beneficios ecológicos)
Por ejemplo, si un programa de desarrollo comunitario cuesta 100 mil euros, pero produce mejoras en ingresos familiares, salud y medio ambiente valoradas en 300 mil euros, el SROI sería 3:1. Más allá de la cifra, el proceso SROI involucra a los grupos de interés para identificar qué resultados valoran y cómo cuantificarlos, haciendo la evaluación más participativa. Organizaciones como ECODES reportan haber aplicado SROI en decenas de proyectos con éxito, ayudando a empresas sociales y ONG a comunicar su impacto de forma comprensible para financiadores y a descubrir áreas de mejora
Otra innovación es la evaluación participativa y orientada al uso. En lugar de que un evaluador externo analice el proyecto al final, la evaluación participativa involucra a beneficiarios, personal de campo y otras partes en definir las preguntas de evaluación, recoger datos (por ejemplo, mediante historias de cambio contadas por los participantes, técnica Most Significant Change) y en interpretar los hallazgos. Esto no solo democratiza el proceso, sino que garantiza que la evaluación se centre en lo que realmente importa a la comunidad y aumenta la probabilidad de que los resultados se utilicen para mejorar el proyecto
En paralelo, la evaluación formativa y continua se integra cada vez más en la gestión de proyectos: usar paneles de control digitales, encuestas vía SMS y recopilación de datos en tiempo real permite monitorear el progreso y el impacto de manera dinámica. Por ejemplo, en un proyecto de seguridad alimentaria, se pueden equipar a familias con una app sencilla para reportar su consumo semanal; estos datos inmediatos ayudan a detectar a tiempo cualquier falla en la entrega de alimentos o cambios en las necesidades, ajustando la intervención sin esperar al final. Igualmente, la evaluación experimental (p.ej., mediante ensayos controlados aleatorios) se ha convertido en una herramienta valiosa para medir el impacto causal de programas sociales innovadores
Finalmente, las metodologías recientes enfatizan el aprendizaje adaptativo: la evaluación ya no es vista como el examen final del proyecto, sino como una herramienta de aprendizaje durante todo el ciclo. En evaluaciones llamadas “evaluación evolutiva” o developmental evaluation, un evaluador forma parte del equipo del proyecto para ir brindando retroalimentación constante en entornos complejos y cambiantes, adaptando la intervención sobre la marcha. En resumen, la evaluación de proyectos en consultoría social se ha vuelto más creativa, inclusiva y orientada a valor. Combina mediciones cuantitativas rigurosas con métodos cualitativos participativos, utiliza tecnología para reunir y visualizar datos en tiempo real, y traduce los hallazgos en lecciones accionables. Todo ello permite comprender mejor el impacto real en la vida de las personas —más allá de números— y mejorar continuamente la efectividad de las intervenciones sociales
